CODO A CODO CON EL PROYECTO GROMECÓN

Detrás de cada proyecto agrícola hay algo más que cultivos, parcelas o números. Hay decisiones, dudas, intuiciones, cansancio, ilusión. Hay personas. Y es justo ahí donde empieza de verdad mi trabajo.

Mi colaboración con Gromecón nace del encuentro entre caminos que, aunque parecían distintos, compartían muchas más raíces de lo que imaginábamos: el respeto por la tierra, el deseo de hacer las cosas mejor y la certeza de que cuidar lo que nos alimenta es una responsabilidad compartida.

No se trata solo de “colaborar con un proyecto”, sino de caminar junto a personas que creen que otra forma de trabajar el campo es posible.

Cultivar vínculos, no solo alimentos

Gran parte de mi labor se desarrolla en el propio terreno, donde las manos se manchan de tierra y las conversaciones importan tanto como las tareas. Desde la colocación y limpieza de cajas nido para favorecer la biodiversidad, la reforestación de linderas o el seguimiento de las plantaciones, hasta la mejora de prácticas ambientales y la introducción de nuevas metodologías basadas en los principios de la agroecología.

Cada acción tiene un fondo común: escuchar lo que el entorno necesita y lo que las personas que lo trabajan sienten. Buscar equilibrios entre productividad y cuidado, entre tradición e innovación, entre lo urgente y lo importante.

Pensar juntos para hacerlo mejor

Otro pilar de estas colaboraciones es sentarnos a pensar. Analizar. Probar. Ajustar. Acompaño en la búsqueda de soluciones relacionadas con logística, control de plagas o manejo del suelo, siempre desde un enfoque práctico, cercano y adaptado a la realidad de cada proyecto.

Porque no hay recetas universales. Hay contextos, equipos humanos y decisiones que se construyen en común.

Del campo a las personas, y de las personas al campo

Mi implicación también recorre el camino completo: desde el seguimiento de las plantaciones hasta la entrega de pedidos, y desde ahí hacia fuera, dando a conocer los proyectos en distintos medios de comunicación. Contar lo que sucede, poner palabras a lo que muchas veces solo se vive en silencio, es otra forma de cuidar.

Visibilizar estos proyectos no es solo marketing: es crear puentes entre quien cultiva y quien consume, entre el campo y la sociedad.

Proyectos distintos, raíces compartidas

Esta colaboración es solo un ejemplo de lo que me mueve: trabajar con personas que lideran proyectos con alma, aunque sean distintos en forma, tamaño o enfoque. Proyectos que entienden que el futuro del campo no se construye en solitario, sino en red, en diálogo y en respeto profundo por la tierra.

Porque cuando las personas se encuentran desde un propósito común,

la tierra no solo produce: florece desde la raíz.

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